jueves, abril 19, 2007

Durmiendo en una zona geopatógena

“Me desperté muy temprano, antes de lo previsto. Una o dos veces. Siento que no he dormido nada, por lo que ni miro el despertador, hago un esfuerzo por seguir durmiendo. Cuando suena el despertador me siento terrible, siento la garganta seca, estoy deshidratado, creo que se me ha subido la presión, me siento sobresaltado. Tengo ganas de ir al baño, siento unas molestias en mi estómago, que hace unos ruidos terribles… quiero levantarme, pero me cuesta responder. Recién después de pasados unos minutos consigo a duras penas levantarme.”

Este es el conmovedor testimonio de una persona durmiendo en una zona geopatógena. No es de sorprender que al realizar una prospección geobiológica a su lugar de descanso se encontró un punto muy conflictivo donde convergían un cruce de líneas Hartmann, una vena de agua subterránea y una falla geológica.

Esta es la realidad de muchas personas en el mundo, que ante el desconocimiento de las radiaciones telúricas y su influencia, van de médico en médico, de remedio en remedio sin encontrar cura a los desórdenes que padecen. Hasta que, temporaria o definitivamente, duermen en otro lugar y los síntomas van desapareciendo, recobrando repentinamente el estado de salud.

Los efectos de una zona geopatógena alteran nuestro campo electromagnético natural, disminuyendo nuestro sistema inmunológico, y generando o agravando desórdenes y enfermedades como dolores de cabeza, irritabilidad, alteraciones del sueño, depresión, asma, reuma, bronquitis, enfermedades gástricas, ulceras de estomago, hipertensión arterial, arritmias, leucemia, y cáncer.

Estas fuentes de radiación; comunes al punto de que en mayor o menor medida se hallan en cualquier espacio, son el foco de atención y estudio de la Geobiología, la medicina del hábitat.


Imagen: Fotografía de Jiri Jacknowitz

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